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El Arte en Ávila

 

 Las primeras muestras del arte abulense se remontan a la llamada «civilización de los verracos», por el número de estas más o menos informes esculturas de piedra, representando toros o cerdos, que abundan como reliquia de los celtíberos, pertenecientes a las tribus de los vacceos  y arévacos, que se establecieron entre los s. VII y VI a. C. Estos verracos han existido en abundancia no sólo en la sierra, sino también en la parte llana de la provincia. Se ha registrado además su existencia en las provincias colindantes de Segovia, Salamanca, Cáceres y Toledo, y aunque muchos han desaparecido, mal tratados por la ignorancia, o llevados a fincas particulares, todavía puede calcularse en cerca del centenar los que permanecen en la provincia, entre los que pueden señalarse como más destacados los cuatro Toros de Guisando, en el término municipal de El Tiemblo, y el jabalí de Cardeñosa, hallado en las excavaciones de Las Cogotas, y actualmente colocado en un bello jardín de la capital.
      No son muchas las huellas que quedan del paso de los romanos por las tierras abulenses. Un gran puente sobre el Tormes en Barco de Ávila y otros menores distribuidos por la geografía provincial, entre los que merecen señalarse uno en la capital y otro en Arévalo. También romana es la parte inferior del castillo de Arévalo, compuesta de grandes piedras, sobre las que se reedificó, pero de ladrillo y por los mudéjares de la Edad Media, el resto de la fábrica, restaurada en 1956 para dedicar el edificio a silo de cereales del Ministerio de Agricultura. Lo más destacado de los recuerdos romanos es la calzada del Puerto del Pico, que se conserva en gran longitud junto a la moderna carretera que cruza la sierra de Gredos de N a S. La invasión árabe demolió las indudables construcciones existentes de las épocas romana y visigótica, por lo que las manifestaciones artísticas de la provincia de Á., existentes, arrancan de la repoblación de la comarca después de la conquista de Toledo por Alfonso VI.
      En la zona norte de la provincia se despliega una amplia gama de la arquitectura de ladrillo trabajado, con su inspiración peculiar, por los numerosos alarifes mudéjares que abundaban en la comarca, por eso denominada La Moraña, y que tiene su prototipo en la iglesia de La Lugareja eh el anejo de Gómez y Román perteneciente al municipio de Arévalo; monumento históricoartístico en estilo por unos denominado románico de ladrillo, y por otros, como Lampérez, arquitectura clásica castellana, del que sólo se conserva el ábside con sus tres capillas en trébol. En cambio, en el resto de la provincia, sobre las diversas sierras que la cruzan, los edificios son de piedra, con escaso interés arquitectónico. Son excepción la iglesia de Bonilla de la Sierra, partido de Piedrahita, monumento históricoartístico de mediados del xv, de grandes proporciones y excelente retablo, situada junto a los restos del castillo episcopal perteneciente a la diócesis de Á., residencia temporal de varios de sus obispos y lugar donde murió Alonso de Madrigal el Tostado; la de Piedrahita, construida sobre antiguo palacio real de estructuras góticas; la de Cebreros, con planos de Herrera; los castillos de Arenas de San Pedro, de Mombeltrán, de Barco de Ávila y Las Navas del Marqués (s. xv), y la importante serie de los monumentos de la capital. Ésta debería llamarse con justicia la ciudad del románico, pues nada menos que 19 edificios de este estilo pueden contemplarse en Á., aunque algunos de ellos han sufrido tantas modificaciones que sólo conservan vestigios de su primitiva construcción.
      El más importante de los monumentos abulenses es su milralla, construida al repoblarse la ciudad por el conde Ramón, o Raimundo, de Borgoña, casado con Da Urraca, hija de Alfonso VI. Las obras se iniciaron aprox. en 1093 y en ellas intervinieron centenares de cautivos y gran número de maestros de jometría, dirigidos, según las más antiguas crónicas, por Casandro Romano y Florín de Pituenga. Se trata de un edificio militar de primera importancia, con tres de sus cuatro lienzos protegidos por escarpadas pendientes. Consta de 90 torres, cerca de 3.000 almenas, siete puertas y una poterna, con 2.600 m. de longitud y una altura media de sus cortinas de 14 m., siendo la de las puertas de 20. Es monumento históricoartístico.
      Sigue en importancia la catedral, comenzada a construir a la vez que la muralla, hasta el punto. de que el ábside del templo forma el cimborrio coronado por tres órdenes de almenas. El interior de este ábside o girola y la capilla mayor, debida probablemente a Eruchel o Fruchel, son de estilo románico que en las geminadas ventanas y en la bóveda de dicha capilla exhibe extraordinaria belleza, a la que no son ajenos los detalles mudéjares que la alegran. El crucero y la nave principal son del s. XIV, en los que el gótico resplandece en la altura de las bóvedas y la amplitud de los ventanales y rosetones, cubiertos de interesantes vidrieras policromadas. El coro es renacentista, dirigida su construcción por Cornelis de Holanda; el retablo de la capilla mayor se debe a Pedro de Berruguete , pero terminado por Borgoña y Santa Cruz, conteniendo el templo magníficos sepulcros, bellos retablos, interesantes cuadros y hermosas rejas, cuyas obras se deben, entre otros, desconocidos, a Juan Guas ; Vasco de la Zarza , cuyo sepulcro de el Tostado es impresionante; Juan Rodríguez; Giraldo; Villoldo; Valdivielso; Arnao de Flandes; Juan Francés; Fr. Juan Dávila; Fernando Gallego, y García del Barco, llamado el Maestro de Á. Tiene Á. un interesante museo, en el que su pieza más destacada es la famosa custodia de Juan de Arfe .
      La basílica de S. Vicente fue construida para enterramiento de este mártir en unión de sus hermanas S. Sabina y S. Cristeta. Sobre una modesta ermita del s. IV, se ha erigido este hermoso templo, gloria del románico, comenzado en el s. XII y terminado por S. Fernando y Alfonso el Sabio. La pureza de sus líneas, la belleza de sus piedras y la armonía de sus naves, avaladas por la espléndida portada del Oeste y la curiosa del Sur, con relevantes gotas de inspiración árabe, forman extraordinario estuche donde se encuentra el maravilloso sepulcro de los mártires, mezcla de románico y gótico, aunque no concierta bien con el extraño baldaquino que construyó Sansón Florentino en el s. xv. Contiene esta iglesia también el sepulcro de S. Pedro del Barco, debido a Mora, y una recoleta cripta dedicada a la Virgen de la Soterraña. De los restantes monumentos románicos, merecen especial mención las iglesias de S. Pedro, S. Andrés, S. Nicolás, S. Esteban, S. Tomé el Viejo y S. Segundo de Adaja, así como los restos que se conservan en el Palacio del Rey Niño, hoy Casa de la Cultura.

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